Tour de Flandes (parte II)

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No está siendo un año fácil. El traslado a Holanda, los constantes viajes que se solapan (en Enero estuve casi dos semanas en Asia y prácticamente cada semana estoy cogiendo uno o dos aviones), estar constantemente fuera de mi rutina, no poder salir todos los sábado de forma continuada, tener dificultades para poder comer todos los días de forma decente…

Otros años, a estas alturas, ya habría podido disfrutar de alguna de mis concentraciones en Canarias y estaría mucho más rodado y preparado. Este año, en realidad, llego a la primera prueba exigente (y vaya prueba! 230 kms con varios tramos de adoquines y hasta 8 muros) con algo más de 1.300 kilómetros en las piernas y, eso sí, bastantes sesiones de rodillo de entre 30 y 60 minutos cada una. Creo que este año, sólo he hecho 2 etapas por encima de los 100 kms! Ya sabíamos que este año sería complicado. Soy consciente de que no podía haber hecho más (Resistentia se ha encargado de ello), pero estoy lleno de dudas. Bueno, fundamentalmente una: dónde petaré.

En fin, las 5 de la mañana, toca despertar. Para la chungo de la cama, no he dormido demasiado mal, pero no tengo demasiadas ganas. Lo comento con Daniela, que no ha podido dormir tan bien, y me mira con cara de odio. Vale, vamos allá!

Me visto y salgo al pasillo. Me cruzo con Pablo que baja a ver qué tenemos para desayunar. A los pocos minutos lo veo subir pálido. Nada de desayuno, pero aún queda alguno de estos tipos  con rastas apurando la última copa. Era previsible, pero no podemos salir sin desayunar. Me como una barrita, por si acaso. Teniendo en cuenta cómo nos fue ayer, mejor asegurar algo en el estómago.

Ya estamos listos para salir. Hace más frío de lo que pensábamos, así que nada, de largo (mejor sudar que estornudar, dicen). Daniela baja a despedirnos mientras Aina, que será la encargada de conducir la furgo durante el día, apura los últimos minutos de sueño.

Vamos a por los dorsales a la salida, allí habrá algo que comer o alguna cafetería. Ja! Nos plantamos allí a las 7 (hora de apertura de la marcha) y allí no hay ni comida… ni lugar para recoger los dorsales!! Ya estamos como ayer… Pregunto a un policía que nos dice que tenemos que salir de la ciudad unos pocos kilómetros hasta un estadio (como para acordarme del nombre) donde los reparten. Y allá que nos vamos. Cruzamos la ciudad a toda leche, con el plato grande metido y Dani dirigiendo con el GPS del móvil en la mano…

Otra prueba superada. Tenemos los dorsales. Hace frío y tenemos hambre. De camino a la salida nos encontraremos con uno de los mejores momentos de todo el fin de semana. Nos paramos los 4 en una panadería (con café y baño) y nos comemos tranquilamente unos cruasanes de chocolate buenísimos y un cafetito mientras vemos manadas de ciclistas tomando la salida de la marcha. Empieza a cambiarnos la cara, esto ya es otra cosa. Es una sensación muy extraña, la marcha ya está en marcha pero no tenemos prisa, probablemente estamos disfrutando del primer momento de relax de los últimos días.

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Qué, nos vamos? Cogemos las bicis, nos hacemos una foto debajo del arco de salida para las chicas (que a estas alturas ya están subiendo cosillas a Facebook), Garmins en marcha y salimos! Por fin, el Tour de Flandes arranca para nosotros.

La marcha nos da respeto. Son muchos kilómetros, no hay que cebarse, no tenemos prisa. Buscar buenos grupos y guardar todo lo que podamos es la instrucción a seguir.

Los primeros kilómetros (me refiero a los dos primeros) pasan tranquilos. Circulamos, sin prisa, por un carril bici (no será así toda la marcha, no?). Hasta que nos pilla un grupo relativamente grande y nos ponemos a rueda. Seguimos por el carril bici pero el ritmo ha cambiado. Es legal circular así de rápido por un carril bici?

Kilómetro 10. Hasta aquí la paciencia. Arranco el motor y paso delante, a mi estilo. No pude ver la cara del resto del equipo pero me la imagino perfectamente (Pablo me confesaría después que pensaba que me adelantaba para mear. Se nota que no nos conocíamos, el tío de gafas engaña jajaja). Dani es el siguiente en el relevo, creo que aún está flipando. Me dice algo tipo “pues nada, que sea épico”. Vuelvo a pasar con fuerza. Ya no hay vuelta atrás, nos la jugamos de inicio.

Soy consciente de que voy a petar, la duda es cuándo. Aunque, si soy sincero ahora que no me lee nadie, tengo la remota esperanza de que el resto pete primero.

Hemos decidido no parar en el primer avituallamiento. Bueno, menos Pablo, que tiene que parar a mear y se nos pierde entre la marabunta. Nos tocará remontar hasta volver a pillar “a los de azul”.

Durante los próximos 50 kilómetros Dani, José y yo iremos pasando a relevos a muy buen ritmo (30, 35, 40, 35, 40…) y no dejaremos de adelantar grupos. No importa lo numerosos que sean, pasamos y seguimos tirando, ya me ocupo yo de que el ritmo no baje. Dani marca las pautas para descansar y comer. Dos relevos más y nos vamos atrás a por una barrita.

Impresionante la primera parte de la marcha. Creo que ninguno de nosotros nos lo esperábamos. No hemos reservado (casi) nada. Me veo muy cómodo y no dudo en relevar rápidamente a Jose cuando pasa delante. Lo veo tan chiquitín ahí cara al aire…

Segundo avituallamiento. Ahora ya vienen los muros y veremos si tenemos suerte y nos cruzamos con las chicas en el punto que hemos marcado.

Llegan los primeros muros y los primeros tramos de adoquín. La madre que los hizo! Los paso bastante bien en realidad. He entrado con mucha fuerza (con plato grande) y, aunque son muy incómodos, la cosa no pinta tan mal. Me voy un poco para adelante en cada muro y zona de adoquín pero el resto no se queda lejos. Seguimos juntos, y juntos pasamos por el punto donde Aina y Daniela están para darnos un grito de ánimo. Por favor, un súper aplauso para conductora y copilota. Justo nos pillan en un tramo de carril bici rápido.

Antes de llegar al siguiente avituallamiento, Pablo y Jose se han cortado. No deben estar muy lejos pero estamos solos Dani y yo. Justo cuando vamos a salir del avituallamiento llega Jose y nos dice que se esperará a Pablo, que quiere disfrutar un poco más de su bici prestada, ligera y con tres platos, y que tiremos para adelante. Así hacemos.

Nuestro ritmo no baja y nos vamos acercando ya hacia los primeros tramos duros de adoquín. Estamos comiendo y bebiendo bien. No pinta mal la cosa.

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Nos volveremos a cruzar con las chicas a los pies del Koppenberg, para mí el muro más duro de todos. No tanto por la pendiente, que es bastante, pero aquí los adoquines parecen dejados caer y hay que ir saltando de uno a otro. En un momento dado, Dani se pone a mi altura y se va un poco hacia la izquierda. Yo me meto en una zanja (vamos, entre dos adoquines) y mi instinto me hace ir a la derecha donde piso algo de fango y patino. Noooo!!! Pie a tierra. Imposible volver a arrancar. Y aún volveré a parar más adelante porque en una de las bajadas adoquinadas mi bolsita de herramientas se romperá y tendré que cargarla en el bolsillo. Seguramente, este tramo de bajada es donde peor lo he pasado, imposible frenar. Las manos aún me dolerán dos días después.

Kilómetro 185, hasta aquí. Tras un nuevo avituallamiento, empiezo a notar las primeras sensaciones de fatiga y comento con Dani que los próximos muros nos los tomemos con calma. Tampoco es que me ponga muchas pegas, pero eso sí, el cabrito me meterá rueda en todos los muros.

Llegamos al famoso Paterberg y lo superamos sin problemas, aunque cedo 7 segundos (no pondré excusas) con Dani, que se para arriba para hacernos una foto histórica. Ya lo tenemos. 15 kilómetros llanos y meta. He dicho “llanos” pero no “tranquilos”. A saber cuántos geles lleva Dani en el cuerpo que se pone a tirar como un poseso. Me está sacando los ojos!! Aun así, intento entrar a los relevos y no bajar la marcha. Vamos vamos vamos!! Los kilómetros pasan rápido. Vamos apartando a la gente de la carretera y nadie puede seguirnos. Llegamos a un tramo que pica para arriba y meto un puntito más, a ver si Dani revienta un poquito también y me deja en paz.

500 metros… 200 metros… meta! Por debajo de 8 horas, impresionante, mejorando nuestra mejor previsión. Nos abrazamos, nos relajamos, y nos sentamos en las gradas a esperar a las chicas, a Jose y a Pablo. Cuento lo que nos pasó aquí o me guardo la anécdota? Pues resulta que era la meta para los profesionales!! Jajaja A nosotros nos quedaban todavía 4 o 5 kilómetros por el pueblo hasta llegar a la meta oficial. Con los Garmins parados seguimos a la “otra meta” entre risas y maldiciones. Realmente, no está bien indicado, a mucha gente le ha pasado.

Al poco rato, llegan Pablo y Jose. También muy enteros. Bravo chicos!

El resto del fin de semana lo pasaremos entre ver a los profesionales subir el Paterberg (Sagan hará el último ataque justo delante de nosotros, literalmente) y hacer algo de turismo por Gante y Rotterdam. Por fin, todo en orden. Incluso nos informan que la bici de Jose ha sido enviada al aeropuerto de Valencia!

Espero que os haya gustado la crónica, nosotros nos lo hemos pasado bomba participando en uno de los monumentos ciclistas más importante. Pero, sin duda, lo mejor de la experiencia ha sido compartir tantos momentos y risas con este grupo de personas. Gracias chicos.

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